Réquiem por una tienda de surf

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La noticia del cierre de The Flying Longboarder (tienda de surf, librería y galería de arte, ubicada en Comillas hasta finales de año) ha supuesto para mí una tremenda bofetada que ha sacudido mi conciencia. Lo fácil sería aquí despotricar contra el grado de alienación, la uniformidad y el conformismo reinantes en una tribu que, desde su orígenes modernos, se relacionó con la rebeldía ante las pautas de la sociedad y que, hoy en día, es incapaz de valorar y apreciar una propuesta alternativa, independiente e innovadora…Pero no van por ahí los tiros (sospecho que ni yo mismo he escapado de este fenómeno). Yo hoy escribo para entonar el mea culpa.

Me siento en parte culpable del cierre de un sitio así; y es que una y otra vez me pregunto si habré hecho yo todo lo posible para que el negocio de Florián tuviera una vida próspera y larga. Y creo que no.

Me he cansado de felicitarle por su increíble gusto, la esmerada decoración de su tienda, por las exposiciones y las fiestas, en las que, con música de jazz de fondo, se hablaba de olas con una pasión, tranquilidad y buen rollo inusitados. Frases como “ya era hora que hubiese algo así por aquí”, apuesto que las habrá escuchado Florián decenas de veces, qué digo decenas de veces, ¡Centenares de veces!, desde que abrió.

Pero seamos sinceros, realistas, tengamos los pies en el suelo, esto no es o no era suficiente. ¿Acaso se pagan los alquileres, la luz, el agua o un sueldo justo con un par de enhorabuenas, o palmaditas en la espalda, diciendo lo bueno, original y auténtico que tú eres y lo comercial que son todos los demás? ¡No! Se pagan con euros, con los mismos euros que he tirado durante lustros en boutiques surferas, para acabar adquiriendo una sudadera hecha en serie y que además de hipercara estará pasada de moda dentro de tres meses.

Ante esta caducidad y falta de originalidad,  Florián apostaba (se me hace raro hablar en pasado) por términos como vintage, atemporalidad, old school… Conceptos aplicados a todos los productos que se vendían en su tienda, desde los libros hasta la ropa, pasando por supuesto por las tablas de surf. Tablas de surf que, por desgracia, no han escapado de esta especulación voraz por parte de las grandes marcas, que están intentando aplicarlas con más o menos éxito los mismos valores efímeros característicos de sus colecciones de ropa. Tablas sin encanto, clonadas, con una fecha de caducidad que no va más allá de un invierno: todo hecho en definitiva para que consumamos… Frente a esto, Flying nos recordaba que la tabla “no es cualquier cosa, es el objeto más esencial que tenemos para conseguir lo que estamos conquistando. Y también es el objeto que nos une físicamente al agua, a la energía de la ola”. Tablas duraderas, con encanto, piezas únicas como las obras de arte que colgaban de las paredes de Flying.  Joao Catarino, Gómez Bueno, Manolo Yllera, Héctor Barrero, David Le Saint, Jo Bradford, son sólo algunos de los artistas que expusieron a lo largo de los casi dos años de vida de esta inolvidable Surf Shop.

Como se puede apreciar, The Flying Longboarder defendía conceptos diametralmente opuestos al usar y tirar promovido por la actual industria surfera, más preocupada en hacer caja, en lanzar puntualmente sus dos temporadas al año, que sólo sirven para aumentar los stocks, los outlets, que en transmitir un mínimo de valores genuinamente surferos.

El cierre de Flying. Es mi fracaso. El fracaso de toda una generación surfera (la de los nacidos antes del ochenta) que desde su madurez tenía que haber sabido apreciar esta propuesta, para dejarles una alternativa a los que vienen detrás. Espero que Flying siga volando, y si no encuentra aquí el lugar que se merece, emigre hacia nuevas latitudes donde haya gentes con la sensibilidad y valentía suficientes para darle la próspera y longeva vida que aquí se le negó.

Gracias, Florián… y perdón.

E.I.

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3 pensamientos sobre “Réquiem por una tienda de surf

  1. Me ha encantado tu comment…

    La verdad es que no conocía a esta gente de Flying Longboard.. (perdón por mi osadía… es fruto del Mediterráneo..), pero he visto lo que hacen, y la verdad es que me han parecido más que geniales,, imprescindibles… coincido contigo en que hacen falta más Florianes de estos, Didacs, Daniels y un largo etc.. de anónimos craks de lo BONITO, y menos pajas surferas industriales/adolescentes?

    Pero mira, aunque el amigo Florián tenga que chapar, consuélate pensando una cosa (y es mi humilde opinión..)… él vive de esto, o lo intenta… pero como tu y como yo… con la diferencia que, para mi desgracia, yo no puedo vivir de nada relacionado con el surf… y también sufro, palmo dinero, necesito euros…, etc.. y me tengo que pasar todo el dia en secano pegándome con todo dios para sacar a mi familia adelante…

    Piensa que el colega este, aunque chape, está ahí, intentándolo, disfrutando del camino, y lo logre o no, se arruine o no, se forre o no, ha estado en el camino… y eso es lo que buscamos todos, no? cuando nos metemos, creo que no vamos a ninguna parte, sólo queremos disfrutar del camino, de esa pared, de esa serie, de esa ultima hola que nos ha de llevar a casa antes de que no se vea un pijo porque se ha hecho del todo de noche, del mono que llevávamos..

    Salut !!

  2. Me cachis diez!
    Un día investigando por internet tope con la pagina de la tienda y era como encontrar un oasis en medio del desierto. Todo lo que se vendía me gustaba. Una pena no haber podido visitarla.

  3. Pingback: Quillas y curvas en The Flying Longboarder | Tengo sitio libre

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